¿Y ahora qué? El reto de los 12 también a los 49

Escucha este audio inspirado en la película Ann Education…

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Un audio sobre Her, la película

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Gravity, la metáfora de estar a la deriva (Podcast de Cine)

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¿Quiero entenderte o ser entendido/a?

IMG_1378Insistimos en que hay diferencias y que no es lo mismo una relación entre personas a una pareja. ¿Cuáles son estas diferencias? Muchos dicen que no me acuesto con mi mejor amigo. ¿Acaso la pareja tiene como primera condición no ser tu amiga? ¿Creemos que la química niega la amistad?

Probemos a ir más allá de este tópico. Aunque vale la pena señalar que cuando ambas están presentes hay una relación cómplice, serena, que comparte con pasión lo que son, lo contrario a dos personas que se apasionan hasta la ruptura.

Y voy a recurrir a una experiencia formativa que me ayudó a colocar las piezas de mi propio puzzle. 

La mejor diferencia entre una relación duradera y una pareja la vi en un curso sobre Comunicación en Pareja, que dictó en el 2013 Joaquina Fernández en el Instituto Hune. Quizás pueda contagiarte de ella. Una frase suya fue clave para mi: “Cuando veo incomprensión lo que hay es un no enfrentarse a la propia necesidad”.

Hace una semana escribía precisamente sobre ello. El post contaba cómo nuestros deseos y necesidades, puestos fuera de nosotros, son una trampa. Cada vez que queremos que los cubra otra persona, nos dirigen y nos convierten en mendigos, al producirse la desconexión de nuestros valores vitales.

La cuestión es que ninguna persona puede abstraerse de sus valores debido a que son inconscientes. Además, marcan el ritmo, la armonía y la calidad del encuentro amoroso. Las relaciones son duraderas cuando se está en contacto real con los valores propios, dado que se conocen, se explicitan y son la guía que facilita sumar identidades.

Se convierten en nuestra destrucción por desconocimiento. Son como nuestro ADN relacional, y el autoconocimiento no sólo es clave para creer en uno mismo, nos lleva también a liderar una visión compartida en pareja. 

Ocurre lo contrario con el desconocimiento. La ausencia de confianza, de identidad y rumbo, al estar en pareja, es caldo de cultivo para la exigencia, queriendo implícitamente que el compañero nos salve de nuestras limitaciones.

Abstraerse es un acto de inconsciencia que pareciera liberarnos de la responsabilidad de hacernos cargo de nosotros mismos. El precio que se paga es alto: nuestra pareja inexplicablemente nos muestra lo que más nos aterra: nuestra propia limitación, mientras el conflicto crece enfocados en la falta de entendimiento, la culpa y la discusión.

Las relaciones se rompen al sacar de nuestra propia ecuación de la vida valores vitales, dando todo el protagonismo a las necesidades.  Eso nos lleva a presentarnos ante el otro con una doble cara. Las intenciones se confunden con recuerdos emocionales que justifican no ver de frente, desde el principio, la propia necesidad para resolverla.

Esa negación es nuestra perdición, al propiciar expectativas que sobredimensionamos, pulsando el cumplimiento de deseos y necesidades. La consecuente decepción a la larga es una excusa para desesperarnos con el otro, luchando con miedos a la ruptura, al enfado, al conflicto, alejándonos de lo que nos haría felices.

La ruptura es consecuencia de tiranizar nuestras actitudes con comportamientos que obstruyen lo que podría haber sido el gran logro de una relación, y que son cosas que normalmente se hablan al principio, cuando surge el interés mutuo y está presente la intención de mantener la conexión.

La consecuencia es que actuamos con exigencia, irrespetuosos de la realidad del otro. Y cuando esto ocurre con nuestra pareja ya lo hemos hecho primero con nosotros al relacionarnos de espaldas a nuestra identidad de valores.

He sigo testigo de esta falta de entendimiento. El comportamiento común a los dos miembros de la pareja es su diálogo tanto interno, como externo, que está enfocado en señalar culpables. Resentidos por lo que no se recibe. Y aunque ambos digan que se culpan a sí mismos, se sienten víctimas de acciones y de actitudes que rompen diariamente la relación, aunque el reclamo por cambiarlas sea continuo. 

Por lo general con un amigo nos esforzamos en entender su necesidad, sin olvidarnos de hacernos responsables de la nuestra, mientras que en la relación de pareja vamos con la expectativa de que sea resuelta tal como la imaginamos, ahorrándonos el esfuerzo de vivir conforme a un valor vital.

Conjungamos un “quiero que me…” en todas las variantes posibles. Hasta que nos aburrimos, o nos acomodamos. 

 

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Depender lema de sumisos y autocráticos

 

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Esta semana fue el cierre de la Escuela de Padres del Instituto Hune. Una apuesta por superar la Dependencia.

La sesión de cierre fue sobre la etapa de 10 a 12 años cuando el niño incorpora valores que le permitirán de adulto estar al servicio de la humanidad y cuidar el planeta.

Llegar a los doce años sin Confianza nos aísla en un mundo interno donde somos incapaces de compartir y de comprometernos. Nos pasamos el resto de la vida sin autoestima, buscando fuera de nosotros, con grandes dosis de egocentrismo, egoísmo y egolatría.

Es el origen de personas autocráticas ó sumisas. Las primeras persiguen el control, y la segundas se pliegan a ese control. En ambos casos hay una actitud de desconfianza, o hacía sí mismos, la pareja y/o el mundo.

En el curso además pude ver la relación que existe entre la dependencia, las dificultades de autoestima de las personas y los comportamientos radicales que borran de nuestras preferencias a países enteros, tutores, amigos, y otras ideas cuyos valores se convierten en nuestros enemigos.  

Para facilitar comprender esa relación voy a situarme en la etapa de las relaciones. Esta etapa pide incorporar valores que propician el aceptarse y aceptar al otro: de 4 a 6 años. Voy a relacionar el concepto de dependencia con la percepción que tenemos de las personas cuando creemos que nos fallan, doblegan o nos defraudan.

En esas circunstancias solemos sacarlas de nuestra vida.  La echamos fuera cuando hemos agotado nuestra admiración. El otro empieza a dejar de valernos en el preciso momento en que empezamos a criticar, y/o a percibirnos torpes en algo.

Previamente hemos dependido. Nos hemos plegado con sumisión a los valores del otro, a la autoridad del otro, al deseo del otro, a la solución del otro. Es natural, nos vivimos con problemas de autoestima que nos debilitan y que, sin embargo, desconocemos. La actitud será de sumisión.

Repetimos buscar la protección. Haremos lo que nuestros padres propiciaron durante la infancia. Y también hay lugar para lo contrario: buscar supuestamente a quien proteger debilitando su autoridad. Son los autocráticos. En ambos casos es un acuerdo entre personas en pugna con su autoestima.

Los dos evidencian la imposibilidad de compartir, del compromiso. Son ególatras y el mundo perfecto es el propio. Aunque ese mundo privado sólo evidencia desigualdad, debilidad y dependencia. 

… Como en un cuento de hadas todo estará bien hasta que el otro deja de ser perfecto. Cuando dejar de funcionar proteger o ser protegido.

A partir de ese momento nuestra cabeza vive en marejada. Una y otra vez nos decimos que necesitamos dejar de depender, si nos percibimos sumisos.  O que sólo queremos lo mejor para la otra persona, mientras la duda nos marea internamente. ¿Qué hacer? ¿Qué defender? ¿Qué aguantar?

Los sumisos, cuando dejan de admirar verán al otro con rasgos de superioridad o autoritario, si esconden prepotencia.  O se harán cada vez más impotentes, si el patrón de anulación es muy fuerte. 

Los autocráticos serán fuertes en la medida que debilitan al otro, para pasar a ser permisivos cuando el otro se hace fuerte, lo que sea por no soportar experimentarse débiles.

¿Reprobable? Es preferible reconocer una dificultad compartida en ambas circunstancias, que además podemos y es posible cambiar. Son las Dos caras de una misma moneda: el aprendizaje de la Confianza.

Ambos comportamientos son la consecuencia natural de percibir la solución de nuestras dificultades de autoestima fuera de nosotros. El resultado de haber pasado nuestra infancia creando patrones internos que condicionan el cariño, el aprendizaje o la aceptación, por la actitud proteccionista, manipulativa o exigente de nuestros padres.

El malestar que sentimos y el deseo de tener la razón cuando se ha roto la magia nos confirma nuestro egoísmo. Claramente somos dependientes. El entendimiento de otras maneras, de otros valores y de otras ideas es imposible. Sobre todo el saber decirnos Si a nuestros valores sin levantar trincheras o tachar de la lista a personas. 

Percibiremos errores imperdonables en vez de Aprendizajes, cuyo proceso se puede compartir, consensuar y enriquecer. Y ello es vital. El aprender la Confianza es una verdad que necesitamos experimentar en todas nuestras relaciones de pareja, de amistad, o aquellas muy estrechas con educadores, o facilitadores.

La Escuela de Padres del Instituto Hune es un curso para entender este proceso en uno mismo y con nuestros niños. Propicia vivir el mundo de una manera diferente. A todos: padres, empresarios, políticos, dirigentes, profesionales de la salud y la educación, amas de casa, estudiantes, recomendado apuntarse para la próxima edición…

Escuela de Padres Instituto Hune

 

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¿Quién lidera mi vida?

Liderar

Foto Graciela Large

Hoy me he visto reflejada en la urgencia de liderazgo político, social y personal. Me refiero al liderazgo con mayúsculas. Aquel que permite desapegarse de deseos que rompen tu capacidad de obedecerte. Si te obedeces el resultado es la plenitud.

Una plenitud que puede romperse en un momento. Una llamada de una amiga que no se produce, y te impacientas. Un desbordamiento que al poco se convierte en tristeza. Zas, has perdido tu capacidad de liderar tu vida.

¿Qué ha pasado?  Te has apegado a un resultado, sientes ira, y es imposible encontrar ninguna utilidad a lo que está pasando.

Elegir es una constante. 

Otra pérdida de plenitud muy común la hacemos entre el placer y el dolor. Tres minutos, o unas horas de placer, a cambio de:

  • Unos kilos de más.
  • Tres años de soledad.
  • Que nos sorprendan con un amante.

Otro ejemplo de hoy mismo es el de un juez español del Tribunal Constitucional cazado sin casco y ebrio. Enrique López ha sido detenido en Madrid cuando se acababa de saltar en moto, un semáforo en rojo. 

Elecciones que se convierten en una trampa. Las mueve algo más potente que nuestros ideales o valores: el deseo de algo que justifica apegarnos: a un resultado, a una sensación, a una pareja, a un momento de inconsciencia, a la ambición, por citar algunos de los más frecuentes.

¿Qué hay detrás de estos deseos? El deseo lo mueve básicamente dos cosas: una identidad que oscila entra la prepotencia y la falta de autoestima; y un exceso o defecto de aceptación. 

He comprobado que al liderazgo se une la aceptación de uno mismo, que implica reconocer la valía propia, y saber vivir en el amor a si mismo. La ausencia de ello da lugar a dos polaridades: egocentrismo y egolatría. 

De cualquiera de las dos maneras se ha perdido la capacidad de ver el propio poder y lo que se puede abarcar.

Mientras que la autoestima convierte tus valores en un estilo de vida.  Una forma de ser natural con la que lideras cada una de tus decisiones. Lo que solemos hacer es decir valores que no sabemos aplicar, que no vivimos realmente. Son ideales que vendemos. Algo que hoy reprochamos a nuestra clase política.

Estamos en la venta cuando se pierde la plenitud. Entonces los hechos contradicen los compromisos que hemos asumido, aunque los justifiquemos y digamos que no pasa lo que pasa. 

– ¡No es mi novia!, es una amiga.

– ¡No he robado!, sólo lo cogí prestado.

– ¡No te desprecio!, es que estoy muy ocupado.

Sin duda, es grande el compromiso de responsabilizarse de lo que pasa como un ejercicio de liderazgo personal. El tomar decisiones con consciencia de lo que deseas. Y mucho más, darse cuenta que esos deseos son apegos o sustitutos de aquellas cosas de las que te crees carente. 

En vez de perder en un segundo, sumemos. 

Mi fórmula de aprendizaje de liderazgo personal es aceptar los procesos de las cosas y lo que implican. Quizás te sea útil:

  1. Tomar consciencia de los procesos.
  2. Saber cuándo decir No y cuándo decir Si
  3. Decidir como si la persona que me genera consciencia estuviese allí.

Estoy en ello. ¿Lo practicas conmigo?

 

 

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Cada día un Propósito

¿Cuál es mi propósito? El mío como persona: tener foco y aportar valor. El vivir de espaldas a ello ha retrasado y pospuesto muchas cosas en mi vida. En este aprendizaje ha surgido la idea de Jesús García, director del canal de televisión TLS, de hacer estos vídeos para empezar el día. En este clip explico su sentido.

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